Jamás en mi vida, negué mi afinidad con aquellos
a los que aquí se los llama gorilas. De hecho 25 años atrás preparaba lo que
siempre había sido mi vocación, el ingreso a la escuela de aviación militar que
gracias al gobierno Alfonsín aún hoy sigue desmantelada. Sin embargo con el
correr de los años uno entiende, no importa de qué lado este que no existen las
verdades absolutas, entonces con el devenir de la democracia nos adaptamos y
aprendemos a mirar desde otro punto de vista lo que sucedió y sucede a nuestro
alrededor. La introducción parece algo disparatada, pero viene al caso. Bien, según
el diccionario se denomina espionaje a la práctica y al conjunto de ellas
asociadas a la obtención encubierta de datos o información confidencial. Las
técnicas comunes del espionaje han sido históricamente la infiltración y la
penetración, y en ambas es común el uso del soborno y el chantaje. Entonces el
documento que mostró el periodista Jorge Lanata lo convierte en un espía y en
un difamador que se ha infiltrado dentro de los servicios de inteligencia
venezolanos, ha chantajeado y sobornado a sus funcionarios y finalmente ha
difamado de un gobierno democrático como el de Chavez.
Mas allá de defender o no a Lanata, es claro
que Chavez es un dictador, eso sí, uno distinto, moderno, de estos que no solo
usan la persuasión a través de las armas, sino que ahora para llegar al poder,
usan otros métodos más inteligentes, se amparan detrás de dádivas pagadas
durante años por la reserva petrolífera de la Cuenca del Orinoco, que compran
el voto popular, para legitimizar las actitudes del dictador. Y ciertamente
Venezuela es eso una dictadura que avasalla derechos de los propios
venezolanos, comprados y corrompidos, y de los periodistas libres locales y
extranjeros. Lo hacen con la impunidad de saber que están protegidos y
amparados por parásitos funcionales como los brasileros y argentinos que
obedecen órdenes de sus respectivos gobiernos. ¿Es posible que algo parecido
sea el futuro porvenir en nuestro país? Y si, aún viviendo en democracia vemos todos los días como quienes nos
gobiernan copian actitudes de esta falsa democracia chavista. No creo que
existan dudas sobre la falta de libertad de expresión y accionar de medios en
Venezuela, ni tampoco se puede dudar de los deseos de nuestro gobierno y sus
obsecuentes de desacreditar a la prensa que no puede controlar, ni de si se
quiere Chavizar en ese sentido a la argentina. Es doloroso admitir y padecer
este retroceso democrático e institucional, esta creciente grieta que divide y
desalienta, este desafío a la paz, no solo por reclamos económicos o por una
cuestión inflacionaria sino por el estallido que podría avizorarse en la
sociedad e instituciones, los reclamos y marchas que ocupan el calendario, los
problemas como el de las fuerzas de seguridad que se profundizan y un gobierno
sin respuestas ni gestión.
Por último, si hacemos un poco de memoria,
durante el escándalo de la valija de Antonini Wilson quien manejaba los
negociados entre Venezuela y Argentina era un Señor llamado Claudio Uberti, que
inmediatamente fue separado, desapareció repentinamente y así como de la nada
lo remplazó en todo sentido el hoy embajador Cheppi. Decía, “en todo sentido”, ya
que él es quien hoy se encarga de los negocios personales del gobierno de
Cristina Kirchner con Chávez. Desde hace años Cheppi tiene vínculos con el
ministro de planificación federal Julio De Vido, a quien conoció muchos años
atrás en Santa Cruz. Muy poco se puede esperar del embajador, este tipo de
personajes que se bajan los lienzos en su obsecuencia, son capaces de negar
como lo hizo ayer hasta la situación más evidente. Entre sus declaraciones se
atrevió a explicar que según entendía había existido todo un despliegue que
estaba preparado para cubrir el triunfo de Capriles, sin embargo hubo que
guardarlo, y entonces había que traer algo, y que mejor que un golpe de efecto
como el de victimizarse para tener algo de que hablar el próximo domingo. ¿Y
las otras ocho personas, que tenían que ver? Poco felices los dichos de este
muchacho Cheppi.
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